Cómo fracasé en mi primer negocio, para que tú no lo hagas

Ya fracasé una vez. Nunca había aprendido tanto como cuando quise, con un socio, montar mi primer negocio. Este artículo recoge un poco de esta historia, escrita en noviembre de 2014.

Todavía recuerdo el entusiasmo y las ganas con las que empezamos el proyecto; y las recuerdo porque nunca se han ido, puede que las ideas vengan, se transformen y luego se vayan, pero la convicción de querer emprender sigue intacta, sigue latente esperando hacerse realidad, esperando por mis acciones.

Para llegar a mi primer negocio tuvieron que pasar muchas tardes con mi socio, cafés y conversaciones. Queríamos emprender, eso estaba claro, pero no sabíamos en qué.

Primeras ideas para emprender un negocio:

Pasamos por esos momentos en los cuales uno piensa en aquello que le gusta y lo apasiona, buscando ideas, pero no se nos ocurría absolutamente nada, había escasez de creatividad y cualquier pensamiento se volvía viable, o al menos, interesante.

Entre tantas ideas llegamos a la conclusión que debíamos crear una tienda online, un e-commerce.

Habíamos hecho la tarea, identificamos que ese mercado estaba creciendo al 40% año tras año, que no existía un líder claro y que nadie, pero absolutamente nadie lo estaba haciendo bien.

Éramos conscientes que nos merecíamos algo mejor en el mundo online y estábamos dispuestos a asumir esa responsabilidad.

Una realidad que golpea:

¡Qué nos íbamos a imaginar que esto era tan difícil! Nuestro humilde deseo de querer mejorar la experiencia al momento de comprar y vender por internet se convirtió en toda una odisea.

Todos los días había un problema que resolver, algo nuevo por aprender y una decisión que tomar.

La realidad fue que, cuando decidimos ejecutar esta idea, jamás pensamos en qué consistía una pasarela de pagos, de cómo negociar con los bancos, de tener que buscar proveedores, o cómo contactar transportadoras…

¡Que ilusos! Quisimos cambiar, a punta de motivación y ganas, todo el concepto de comercio electrónico en este país y de paso, hacernos ricos.

Hoy me doy cuenta que la decisión de emprender no se toma cuando decidí montar mi primer negocio; a mi modo de ver, ésta decisión se toma después de toparse con la primera dificultad, o quizás fracaso.

En otras palabras, la decisión de crear empresa la toman muchos, mientras que la decisión de ser emprendedores la tomamos pocos.

Haciéndonos los locos con lo verdaderamente importante:

postergar emprendimiento negocios

Ya en la ejecución del primer negocio nos gastamos semanas, por no decir meses, pensando en un nombre y en un logo. Esa fue nuestra forma de postergar frente a los verdaderos retos que debíamos asumir, y que nunca hicimos.

Nos aferramos a lo banal para no tener que enfrentar la dura realidad de que en este país (Colombia) la logística es compleja, que todos los proveedores tienen lo mismo para ofrecer, y que al final, todos trabajamos para poder pagar las comisiones que cobran las pasarelas de pago.

La dura realidad fue llegando. Pasaron los meses y no teníamos ni idea de cómo funcionaba esta industria, y ese cuento feliz de que seríamos millonarios, en el que nos habíamos montado, poco a poco fue llegando a su final.

En resumen, entendimos que una buena idea no era suficiente, un deseo sincero tampoco bastaba, y que definitivamente se necesitaba más.

Se necesitaba algo más que entusiasmo y tolerancia al fracaso: necesitábamos conocimiento y experiencia. ¿y nosotros la teníamos? Por supuesto que no.

Cambiando de idea de negocio:

idea de negocio juegos naturales

Ya conscientes que ese no era el camino, estábamos nuevamente sentados buscando qué hacer, qué negocio montar… y nos dio por recordar el pasado, ya que pudo haber quedado alguna buena idea por ahí pendiente.

Resulta que mi socio había intentado entrar en el negocio de los jugos naturales; a mí me gustaba mucho la idea y dejar pasarla, sin haberlo intentado, no era una opción para nosotros.

Empezamos a analizar la oferta de jugos en Medellín, Colombia y resulta que jugos naturales, aquí, no vendían.

No estábamos aprovechando nuestro trópico lleno de frutas exóticas, únicas y llamativas; tratar de encontrar un jugo de guayaba, de tomate de árbol o de uchuva era imposible: ¡Ahí fue! Ahora sí seríamos ricos.

Una idea de comercio electrónico hecha jugo de guayaba habla de los pivotes y cambios que tienen que asumir un emprendedor para llegar al éxito.

¿Resultado de nuestro experimento?

Así no quiera decir esto, no pensé que las frutas fueran tan caprichosas, no llegué a imaginar que una piña o una naranja fueran capaz de frustrarme tanto.

Mi casa fue testigo de los experimentos que hicimos con las frutas, la licuadora pasó a otra vida tratando de encontrar la formula exacta.  Agrégale más menta, quitémosle mango, y si le ponemos un poquito de zanahoria…

Y sucede que, mientras nos pasábamos los días haciendo algo que no sabíamos hacer (éramos un administrador y un publicista metidos en una cocina), el mercado seguía cambiando, seguía recibiendo nuevos competidores y para colmo de males los precios comenzaban a bajar…

Ventajas comparativas, la respuesta que estábamos buscando:

idea de negocio maquilar jugos

Por esa época recordé que en una clase de economía de mi carrera universitaria nos hablaron de las ventajas comparativas y absolutas de los países.

Para algo tiene que servir la universidad, y así fue: luego de rendirnos ante el capricho de las frutas decidimos ir por la maquila.

Habíamos tomado una gran decisión, íbamos a dejar de pelar mangos y manzanas y nos íbamos a dedicar a hacer lo que mejor sabíamos hacer: vender.

Por las vueltas que da la vida llegamos a don Darío, un frutero, productor de jugos y pulpas, que nos había enamorado con su jugo de guayaba…

Era de otro nivel, exquisito, y adicional a esto, sus amplia variedad, más de 20 tipos de jugos, nos hizo tomar la decisión de producir nuestras primeras 250 unidades.

Nuestra marca, Del Árbol, era prácticamente un hecho, etiquetas, envases, tapas… Estábamos listos para salir.

Un momento, y ahora ¿dónde vamos a vender? ¿a quién se los vamos a ofrecer? O ¿cómo lo vamos a hacer?

Tampoco habíamos pensado en eso, a decir verdad no habíamos pensado en nada, solo hacíamos cosas sin analizar…solo queríamos triunfar en la vida.

Grandes lecciones que quiero compartir contigo:

Tristemente, luego de recibir nuestro primer pedido, el amor que sentimos por el jugo de guayaba se fue diluyendo con cada nuevo sabor que probábamos.

No sabíamos si era más malo el de pera o el de maracuyá, y ni hablar de el de tomate de árbol, eso no era ni tomate y mucho menos de un árbol.

¡Qué decepción! nuestra primera producción no logró ni convencernos a nosotros mismos, sus dueños, esos que supuestamente creen ciegamente en sus ideas, proyectos y productos…

Libros recomendados:

Culpar a don Darío por todas las malas decisiones que tomamos sería evadir mi responsabilidad.

Si bien fueron bastantes (las malas decisiones), aprendí mucho, demasiado diría yo, es más, puedo decir con toda honestidad que ningún curso de emprendimiento me ha enseñado todo lo que aprendí a punta de unos jugos tan malos como lo que quisimos vender.

Al fin de cuentas de eso se trata, de ver los errores y tratar de entender porqué se cometieron, y si aun estamos a tiempo, tratar de corregirlos.

Hoy en día no hay nada; no tenemos una tienda en línea ni unos jugos ofreciéndose en la calle. Hoy solo me quedan dos grandes enseñanzas, dos grandes errores como emprendedor, mis dos primeros…creo que es un buen comienzo.

¿Qué me voy a volver a equivocar? Es lo más seguro, solo espero que no sea con los mismos errores, ya que eso sí seria preocupante, de resto, me di cuenta que aprender así me gusta, le encuentro sentido y quiero seguir haciéndolo. Quiero seguir emprendiendo haciendo, no hablando.

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