El problema no es que la vida sea injusta, sino tu definición de justicia

A menos de que vayas ganando en tu vida y todo esté saliendo a la perfección, la mayor parte de ésta te parecerá terriblemente injusta.

La verdad es que la vida funciona bajo otras reglas de juego. Las reglas verdaderas están ahí y tienen todo el sentido del mundo, sin embargo son un poco más complicadas y menos cómodas, razón por la cual muchas personas no las entienden ni saben cómo manejarlas.

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Regla 1: La vida es una competencia

¿Ese negocio que estás tratando de cerrar? Alguien quiere quitártelo. ¿Ese trabajo que te gusta? Alguien amaría por reemplazarte por un software. Esa novia/novio/trabajo con buen pago/Premio Nobel que quieres? Alguien más, con toda seguridad, también lo desea.

Todos estamos compitiendo, así no quieras darte cuenta. Tus objetivos cumplidos, tus metas alcanzadas, los premios que lograste solo son válidos y se hacen notar cuando lo comparas con otros.

Tú nadas un kilómetro más, o puedes bailar mejor, o trabajas mejor, o tienes más likes en Facebook…que el promedio.

Esta es una realidad triste y difícil de entender, razón por la cual decides vivir con un pensamiento totalmente opuesto: «Haz lo mejor que puedas» escuchas decir; «Solo puedes compararte y competir contigo mismo».

Lo gracioso de estos comentarios es que también buscan que des tu mayor esfuerzo; no te dejes engañar, la vida sí es una competencia.

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Afortunadamente vivimos en un mundo en el cual no tenemos que matar al resto de la humanidad para poder ser prósperos; existe abundancia de oportunidades disponibles para cada uno, aún así no compitamos directamente.

Sin embargo, no caigas en la trampa de pensar que la vida no es una competencia: la gente se prepara para conseguir trabajos, ganar contratos, conseguir pareja.

Vivir en la utopía pensando que no lo es, hará que pierdas grandes oportunidades, ya que éstas están servidas para los mejores, para aquellos que compiten por conseguirlas.

Regla 2: Eres juzgado por lo que haces, no por lo que piensas

La sociedad juzga a las personas con base a lo que pueden hacer por otros. ¿Puedes salvar a unos niños de un incendio en su escuela? Remover un tumor? Hacer reír a un salón lleno de extraños? Ahí es donde se encuentra tu valor. Sin embargo, tú no te juzgas así. Tu te juzgas por lo que piensas, no por lo que haces.

«–Soy una buena persona…» «–Soy ambicioso…» «–Soy mejor que esto…» Estas ideas pueden darte la tranquilidad para dormir en la noche, pero al resto del mundo le importan lo más mínimo.

Las buenas intenciones no valen, ese sentimiento de humildad, honor y amor no agregan ningún valor… respóndete: exactamente ¿qué puedes ofrecer y qué has hecho por el mundo? Sin embargo, tú no te juzgas así.

Tu te juzgas por lo que piensas, no por lo que haces. Comparte en Twitter

Las habilidades no son valoradas por su virtud; cualquiera que sea la admiración que sientan los demás por nosotros proviene de una perspectiva completamente egoísta de su parte:

Un celador trabajador es menos recompensado que un comprador de acciones que trabaja poco; un investigador es menor recompensado que una super modelo…¿por qué? Porque sus habilidades son más raras e impactan a una mayor cantidad de personas.

Quisieras que la sociedad recompensara a las personas que hacen el mejor trabajo, pero la realidad es que la recompensa se basa en el número de personas que se impacta, y no sobre la calidad del mismo.

Escribe un libro sin publicar y serás nadie, escribe Harry Potter y todo el mundo va a querer conocerte; salva una vida y serás el héroe de una ciudad, pero curar el cáncer te hará una leyenda.

Desafortunadamente la misma regla aplica para todos los talentos y habilidades: desnúdate para una persona y harás feliz a alguien, desnúdate para 50 millones de personas y serás Kim Kardashian.

Puede que no guste, te puede hasta enfermar. Realmente no importa, tú eres juzgado por lo que puedes hacer y por el número de personas que puedes impactar. Si no logras aceptar esta realidad, el mundo te parecerá bastante injusto.

Ver: No eres tan exitoso como creer, como estás pensando. 

Regla 3: Tu idea de justicia es bastante egoísta

Cada persona se considera digna de tener una autoridad moral. Todos somos jueces, todo partido de fútbol tiene árbitros adentro y afuera de la cancha.

La razón para que esto ocurra es que todos diferenciamos entre lo que es bueno y es malo, y esperamos que el mundo esté de acuerdo con nosotros: nuestros padres así lo dijeron, los maestros de escuela también: pórtate bien y recibirás un dulce.

Pero la realidad es indiferente: Estudiaste muy, muy duro, y perdiste el examen; trabajaste como nadie y no te ascendieron; la amas, pero ella no devuelve las llamadas.

El problema no es que la vida sea injusta, es lo que tú entiendes por justicia

Analiza a esa persona que te gusta y que tú no le importas en absoluto. Una persona con todos los años de experiencia siéndote indiferente, una persona real que interactúa con miles de personas al año.

Ahora, ¿cuál es la probabilidad que te conviertas en «el amor de su vida» entre tantas personas? ¿Crees que influye lo que tú pienses o sientas? Eso puede importante a ti, pero nada tiene que ver con la decisión que ella pueda tomar.

Pero no vayas muy lejos, tú también estás encantado de odiar a tus jefes, padres y hasta políticos. Todas sus decisiones te parecen injustas, y estúpidas ¿y por qué? porque no éstas no concuerdan lo que tú piensas…porque simplemente eres la mayor autoridad sobre cualquier tema que tenga que ver contigo.

Quizás esas personas no son tan malas, quizás están tratando de dar lo mejor de ellas, quizás sus decisiones son las mejores, bajo las circunstancias que están viviendo. Independientemente de cómo te hagan sentir sus decisiones, las acciones de los demás no tienen nada que ver contigo, son simples resultados y consecuencias de estar viviendo.

Por qué la vida no es injusta

Así que, ten claro que tu concepto e idea de justicia es algo inalcanzable, es simplemente un manto de ilusión que sueñas haciéndose realidad. O te imaginas cómo sería la vida si cada concepción de justicia ocurriera y fuera cierta?

Nadie buscaría al amor de su vida por temor a lastimar a otra persona, las empresas únicamente fracasarían si todos los que trabajaran en ellas fueran malas, los matrimonios solo acabarían cuando ambas personas murieran, y la lluvia solo le caería a las personas que la merecen.

Tu decides si te pasas la vida pensando qué tan injusta es, o decides adaptarte a ella y sacarle el máximo provecho a ésta.

Fuente

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